Nieuw verschenenHet woord van Gods genadePreken · 6 dagen geleden
Joseph Charles Philpot J.C. Philpot Bevindelijke geschriften & prediking
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Por el valle de Baca

12 de noviembre

Vandaag

2 min. de lectura

“Él sujetará nuestras iniquidades, y echará en los profundos de la mar todos nuestros pecados.”
Miqueas 7:19

El pecado sujetado es la mayor bendición después del pecado perdonado; y dondequiera que Dios perdona el pecado, sujeta el pecado; porque la misma gracia que salva, santifica; la misma gracia que echa el pecado tras las espaldas de Dios pone su pie sobre las corrupciones del creyente e impide que la iniquidad se enseñoree de él.

La Escritura es muy clara y expresa en este punto. “El pecado no se enseñoreará de vosotros.” ¿Por qué? “Pues no estáis bajo la ley”, que da al pecado su fuerza y su poder, “sino bajo la gracia”, que puede sujetar su dominio. Ni creo yo que hijo alguno de Dios pueda jamás quedar satisfecho sino con la sujeción de sus pecados, además de su perdón.

Que su incredulidad, su infidelidad, su mundanalidad, su orgullo y su codicia sean sujetados por la gracia de Dios, quitado su poder, destronado su dominio, destruida su autoridad, y debilitada y disminuida su fuerza, para que no esté bajo el dominio de concupiscencia alguna, ni sea arrastrado por la fuerza de algún pecado secreto o manifiesto, sino que ande delante de Dios en la luz de Su rostro, deseoso de conocer Su voluntad y de hacerla: este es el deseo y el anhelo de todo aquel que conoce el pecado en su culpa, su inmundicia y su poder. ¡Cuán llena de gracia es, pues, la promesa, cuán dulce el favor, de que el Señor haya prometido sujetar nuestras iniquidades por la misma gracia con que las perdona; que, así como recibimos la sangre de Cristo para rociar la conciencia, así recibimos la gracia de Cristo para santificar y renovar el alma, y la fuerza de Cristo para vencer a todos nuestros enemigos interiores y exteriores!

Al lector…

¿Gime usted, alma probada, bajo el poder de un pecado que le domina una y otra vez? ¿Ha gustado ciertamente algo del perdón, y aun así no halla descanso, porque su incredulidad, su mundanalidad o su orgullo siguen siendo tan fuertes? Eso no es extraño. Ningún hijo de Dios puede contentarse solo con el perdón; anhela también que el pecado sea destronado y pierda su poder.

Oiga, pues, lo que el Señor promete: Él sujetará sus iniquidades. La misma gracia que echa los pecados tras las espaldas de Dios pone también su pie sobre las corrupciones del creyente. Usted no está bajo la ley, que da al pecado su fuerza, sino bajo la gracia, que puede sujetar su dominio. Lleve, pues, su lucha a Él. Así como la sangre de Cristo rocía su conciencia, así Su gracia le santificará, hasta que pueda andar en la luz del rostro de Dios.

Con un cordial saludo,
Los compiladores de jcphilpot.nl