Nieuw verschenenHet woord van Gods genadePreken · 6 dagen geleden
Joseph Charles Philpot J.C. Philpot Bevindelijke geschriften & prediking
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Por el valle de Baca

23 de septiembre

Vandaag

3 min. de lectura

Y te afligió, e hizo tener hambre, y te sustentó con maná, comida que no conocías tú, ni tus padres la habían conocido; para hacerte saber que el hombre no vivirá de solo pan, mas de todo lo que sale de la boca de Jehová vivirá el hombre.
Deuteronomio 8:3

Esta es la gran lección que tenemos que aprender en nuestro viaje por el desierto: “que el hombre no vivirá de solo pan”, es decir, de aquellas provisiones de la providencia que alivian nuestras necesidades naturales. Gracias sean dadas a Dios por todo pan que nos da en Su bondadosa y generosa providencia. Un sustento honrado es una gran misericordia. Ser capacitados, por el trabajo de nuestras manos o por el trabajo de nuestra mente, para mantener a nuestras familias y criarlas con cierta comodidad, si no en abundancia, es una gran bendición.

Pero Dios ha determinado que Su pueblo no viva de solo pan. Ha de ser apartado de la masa de los hombres que viven solo de esta manera carnal; que no tienen otro cuidado que las posesiones terrenales, y cuya suma de pensamientos y deseos es qué comerán, qué beberán y con qué se vestirán; que nunca miran más allá del bolsillo, del negocio, de la ocupación diaria, del rendimiento seguro, de la inversión provechosa y de cómo proveer para sí mismos y para sus familias.

Dios ha plantado en el pecho de Su pueblo una vida más alta, un principio más noble, un apetito más bendito que el de vivir de solo pan. Le bendecimos por Su providencia, pero le amamos por Su gracia. Le damos gracias por el alimento y el vestido de cada día, pero estas misericordias son solo para el tiempo y perecen en su mismo uso, y Él nos ha provisto de lo que es para la eternidad. ¿De qué quiere, pues, que viva el alma? “De todo lo que sale de Su boca.”

Pero ¿dónde hallamos estas palabras que salen de la boca de Dios? En las Escrituras, que son el alimento de la Iglesia, y especialmente en la Escritura aplicada al corazón, en las palabras que a Dios le place dejar caer en el alma con poder divino, que recibimos de Su boca llena de gracia y asimos con mano creyente. Ese es el alimento y sustento de nuestra alma: la verdad de Dios aplicada a nuestro corazón y hecha espíritu y vida para nuestra alma por Su propia enseñanza y testimonio.

Y vea cuán grande y abundante es la provisión. Recorra todo el ámbito de la Palabra revelada de Dios, y vea en ella qué despensa de provisiones hay guardada para la Iglesia de Dios. ¡Cómo debería esto estimularnos y animarnos a escudriñar las Escrituras como quien busca tesoros escondidos, a leerlas constantemente, a meditar en ellas, a procurar entrar en la mente de Dios tal como se revela en ellas, y así hallar que son el alimento de nuestra alma! Si estuviéramos plenamente persuadidos de que cada palabra de la Escritura salió de la boca de Dios y está destinada a alimentar nuestra alma, ¡cuánto más la apreciaríamos, la leeríamos y la estudiaríamos!

Al lector…

¿Sabe usted de qué vive? Dé gracias al Señor por el pan que le da, por un sustento honrado y por el vestido y la comida; no es pequeña misericordia. Pero ¿han ido alguna vez sus pensamientos y deseos más allá de qué comerá y qué beberá? ¿O siente, en su viaje por el desierto, un hambre que ningún pan puede saciar, un anhelo de algo que dure para siempre?

Entonces el Señor ha formado en usted una vida más alta. Para tal alma hay una gran despensa guardada en Su Palabra revelada. Léala, medite en ella, escudríñela como quien busca tesoros escondidos, y pida que a Dios le plazca imprimir una palabra en su alma con poder divino. Una sola palabra de Su preciosa boca, recibida con mano creyente, es más alimento para su alma que todo lo que el mundo puede dar.

Con un cordial saludo,
Los compiladores de jcphilpot.nl