Nieuw verschenenHet woord van Gods genadePreken · 6 dagen geleden
Joseph Charles Philpot J.C. Philpot Bevindelijke geschriften & prediking
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Porque os es necesaria la paciencia; para que, habiendo hecho la voluntad de Dios, obtengáis la promesa.
Hebreos 10:36

¿Por qué es necesaria la paciencia? Porque, si somos del pueblo del Señor, con seguridad tendremos muchas pruebas. El Señor nos envía aflicciones para darnos la gracia de la paciencia para soportarlas. Pero ¡oh, qué corazón rebelde llevamos en el pecho! ¡Qué perversidad, qué mal humor y qué obstinación habitan en nosotros! ¡Qué pronto se altera nuestro genio, y nuestra mente irritable se agita en un instante por la menor nimiedad! ¡Qué poca paciencia tenemos bajo las pruebas que Dios tiene a bien poner sobre nosotros!

Así aprendemos nuestra necesidad de paciencia, y que esta no es fruto del suelo de la naturaleza. Su falta hace que el alma la persiga; y cuando el Señor da sumisión a Su voluntad, y capacita a Sus hijos para ver cuán provechosas son estas pruebas para su alma, y cómo, de no ser por este pesado lastre, ciertamente habrían sido arrastrados al mundo, pueden ver Su mano misericordiosa en sus pesadas aflicciones.

Así, a veces sintiéndose malhumorados y rebeldes, y conociendo de este modo su necesidad de paciencia; y a veces sintiéndose sumisos y gozando de su dulzura, ven qué gracia tan bendita es la paciencia. Casi no hay gracia que necesitemos más cada día. La necesitamos para con Dios, cuando Él se cruza en nuestros planes, frustra nuestros deseos, y en vez de mostrar por qué nos aflige, se esconde detrás de una nube espesa que ni la fe ni la oración pueden traspasar.

Necesitamos paciencia unos con otros, con el mundo, con nuestros parientes y relaciones en la vida, y con la Iglesia de Dios. Necesitamos paciencia cuando se dice o se hace algo que lastima nuestra mente, hiere nuestros sentimientos, irrita nuestro genio y nos incita a la venganza. ¡Y qué misericordia es, bajo estas pruebas agudas, tener paciencia, y seguir así el ejemplo del bendito Señor, “quien cuando Le maldecían no retornaba maldición: cuando padecía, no amenazaba, sino remitía la causa al que juzga justamente”!

Al lector…

A veces tiene usted que descubrir qué pronto se altera su genio y qué poca paciencia tiene, cuando el Señor se cruza en sus planes y se esconde detrás de nubes espesas. No se alarme por ello como si fuera algo extraño. La paciencia no crece en el suelo de nuestra propia naturaleza. Por eso el Señor envía la prueba, para que usted aprenda su necesidad de ella y la busque en Él.

Mire, pues, a Aquel que, cuando Le maldecían, no retornaba maldición, sino que remitía la causa al que juzga justamente. Lo que Él hizo perfectamente, también puede obrarlo en un corazón rebelde. Y cuando un día se le conceda ver cuán provechosa fue la carga, y cómo le guardó de ser arrastrado por el mundo, dirá con el salmista que bueno le fue haber sido humillado.

Con un cordial saludo,
Los compiladores de jcphilpot.nl