Nieuw verschenenHet woord van Gods genadePreken · 5 dagen geleden
Joseph Charles Philpot Bevindelijke geschriften & prediking
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Pues tiene promesa de esta vida presente, y de la venidera.
1 Timoteo 4:8

La verdadera religión yace en lo hondo; no es un globo que flota sobre nosotros a millas de altura en el aire. Es como la verdad: yace en el fondo del pozo. Hemos de descender, pues, a la religión, si hemos de tenerla verdaderamente en el corazón. El Señor Jesucristo fue “varón de dolores, experimentado en quebranto”. Tomó el lugar más bajo, el último y el menor. Siempre estuvo abajo; de modo que, si hemos de ser compañeros del Señor Jesucristo, hemos de descender con Él: descender al valle, descender al sufrimiento, descender a la humillación, descender a la prueba, descender a la tristeza.

Cuando nos envanecemos por el gozo mundano o nos exaltamos por la excitación carnal, no nos compadecemos del Señor Jesucristo en Su humanidad sufriente; no vamos entonces con Él al huerto de Getsemaní, ni le contemplamos como “el Cordero de Dios” en el madero maldito. Podemos pasarnos muy bien sin Jesús cuando el mundo sonríe y las cosas carnales ocupan el primer lugar en nuestro corazón. Pero venga la aflicción, una cruz pesada, una carga que nos abata, y entonces caemos al lugar donde únicamente se halla al Señor Jesús. Hallamos entonces, si al Señor le place traer un poco de piedad al alma y hacer salir esta piedad a un ejercicio vital, que tiene “promesa de esta vida presente”.

Hay promesas unidas a ella de sostén y fuerza, consuelo, consolación y paz, de las que el mundo no sabe nada; hay en ella una verdad, un poder, una realidad, una bienaventuranza que la lengua nunca puede expresar. Y cuando el alma es oprimida hasta el valle de la aflicción, y al Señor le place encontrarse con ella allí, y visitarla entonces, y hacer salir la piedad en sus actuaciones y ejercicios, entonces se halla que tiene “promesa de esta vida presente”. La fe, la esperanza, el amor, el arrepentimiento, el espíritu de oración, la humildad, la contrición, la paciencia y la paz: todos estos dones y gracias del Espíritu se ejercitan principalmente cuando el alma está abatida en la aflicción. Aquí está la “promesa de esta vida presente”, en el hacer salir estas gracias celestiales en el corazón.

Y la piedad tiene también la promesa “de la venidera”. Sostiene en la vida y en la muerte, y lleva al alma a una eternidad feliz y bienaventurada. La gracia terminará en gloria; la fe, en vista; la esperanza, en posesión. El alma enseñada por Dios verá a Jesús tal como Él es. Así la piedad tiene “promesa de la venidera”, cuando la paz eterna abundará, las lágrimas serán enjugadas de todos los rostros y la gracia será consumada en dicha sin fin.

Al lector…

Quien se siente abatido en el valle de la tristeza, bajo una cruz pesada o una carga que le oprime, sabe lo que es eso; quizá usted también lo sepa. Nuestro propio corazón sabe demasiado bien con qué facilidad podemos pasarnos sin el Señor Jesús mientras el mundo nos sonríe. Pero cuando viene la tristeza, descendemos a aquel lugar donde solo a Él se le halla. Él mismo fue varón de dolores; tomó el lugar más bajo, y allí, en lo profundo, se deja hallar.

No vea, pues, su tristeza solo como pérdida. Es precisamente en el valle donde se ejercitan la fe, la esperanza, el amor, el arrepentimiento y la contrición de espíritu. Allí el Señor se encontrará con el alma y la visitará, y entonces ella halla que la piedad tiene promesa de esta vida presente: sostén y fuerza, consuelo y paz, que el mundo no conoce. Espere, pues, en Él en lo profundo; Él no le desechará.

Con un cordial saludo,
Los compiladores de jcphilpot.nl