Nieuw verschenenHet woord van Gods genadePreken · 6 dagen geleden
Joseph Charles Philpot J.C. Philpot Bevindelijke geschriften & prediking
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Por el valle de Baca

7 de julio

Vandaag

3 min. de lectura

“Y yo les doy vida eterna: y no perecerán para siempre, ni nadie las arrebatará de mi mano.”
Juan 10:28

El Señor dice: “Yo les doy (es decir, a Mis ovejas) vida eterna”; no: “Se la daré en la vida venidera”, sino: “Se la doy ahora.” Por eso leemos: “El que cree en el Hijo tiene vida eterna”; la tiene ahora, como una posesión presente, sentida y gozada. Esta vida se da de manera manifiesta cuando Cristo Se revela al alma; pues entonces la vida eterna se recibe de Su plenitud como una posesión gozada. Todos, pues, los que de veras se han acogido a trabarse de la esperanza propuesta, abrazan al hacerlo la vida eterna. Viven, como estando manifiestamente en Cristo, porque Él es “nuestra vida”; y al abrazarla en Él sienten sus dulces movimientos en el pecho: en el gozo que comunica, en la paz que imparte, en las perspectivas que abre, en las dudas que quita, en los temores que disipa.

Así, en la verdadera religión hay algo, si se me permite decirlo, tangible, algo de lo que asirse; y esto distingue una buena esperanza por gracia de toda otra esperanza que es engañosa, exaltada o quimérica. Téngalo por seguro: hay una realidad en la piedad vital, una posesión para la eternidad, que por eso mismo hace morir y amortigua al hijo vivo de Dios para un mundo que perece y para las cosas pasajeras del tiempo y de los sentidos. Siempre que tenemos una visión de Cristo, hay una visión de la vida eterna en Él; porque Él es el Hijo eterno de Dios, y cuando Se da a conocer como tal al alma, nos muestra que toda nuestra vida está en Él.

La obra que Él consumó es para la eternidad; Él mismo vive por los siglos de los siglos; y aquellos a quienes ha redimido con Su sangre, justificado por Su justicia y santificado por Su gracia, vivirán por los siglos de los siglos en Su gloriosa presencia. Es la eternidad de Su amor lo que le imprime su principal valor y bienaventuranza; pues esta vida, siendo eterna, asegura no solo la perpetuidad, sino la inmutabilidad; la guarda de todo cambio en el tiempo así como de todo cambio en la eternidad, y la asegura firme y estable a todos los herederos de la promesa. Así pues, cuando se asen de la vida eterna al asirse de Aquel Que es la vida, y cuando brotan en su pecho los dulces movimientos de la esperanza, se abre ante sus ojos una perspectiva de gozo inmortal.

Al lector…

Estas palabras contradicen la idea de que la vida eterna es algo que solo aguarda al otro lado de la tumba. Escuche, pues, cómo habla el buen Pastor: no “daré”, sino “Yo les doy”. Quien se ha acogido a trabarse de la esperanza propuesta, abraza esa vida ya ahora, aunque sea con mano temblorosa. Quizá conozca usted demasiado bien los temores y las dudas; pero ¿nunca ha notado algo de una paz que ella le dio y de un temor que le quitó, cuando se le concedió mirar a Cristo?

Esa no es una esperanza imaginada, sino una realidad, una posesión que vale para la eternidad. Y porque la vida es eterna, también es inmutable; ningún cambio puede sobrevenirle, ni en el tiempo ni en la eternidad. Sus sentimientos cambian, pero Su mano no. Nadie arrebatará de ella a Sus ovejas. Ásase, pues, de Aquel Que es la Vida, y deje que Él sostenga su esperanza.

Con un cordial saludo,
Los compiladores de jcphilpot.nl