Nieuw verschenenHet woord van Gods genadePreken · 6 dagen geleden
Joseph Charles Philpot J.C. Philpot Bevindelijke geschriften & prediking
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A Este ha Dios ensalzado con Su diestra por Príncipe y Salvador, para dar a Israel arrepentimiento y remisión de pecados.
Hechos 5:31

Jesús está “ensalzado por Príncipe y Salvador, para dar arrepentimiento y remisión de pecados”. Las dos cosas van juntas. Siempre que Él da arrepentimiento, da remisión; dondequiera que concede remisión, otorga arrepentimiento. No sirve dejar de lado el arrepentimiento. Todo hijo de Dios es llevado a arrepentirse de sus pecados, y por el arrepentimiento a abandonarlos. “Pero”, dice usted, “¿me he arrepentido? Considerando la naturaleza y la magnitud de mis pecados, si yo fuera un pecador arrepentido, sin duda estaría llorando y doliéndome por ellos todo el día”.

¿Qué es, pues, lo que crea esa duda en su mente? Que a menudo está usted duro, oscuro, muerto, frío. Aquí, pues, de nuevo, debemos distinguir entre aquella tristeza piadosa por el pecado que se siente en la mente espiritual, y aquella dureza y oscuridad de nuestra mente carnal, que sigue siendo enemistad contra Dios, y en la cual no hay fe ni amor, ni arrepentimiento, ni cosa buena alguna.

Pero ha habido tiempos y ocasiones en que, bajo una influencia especial, su corazón se ablandó y se derritió delante de Dios; en que verdaderamente se arrepintió del pecado; en que sintió que es en verdad cosa mala y amarga pecar contra un Dios tan bueno, tan santo, tan grande y glorioso; en que la roca se derritió, el corazón duro cedió, los ojos se deshicieron en lágrimas, y el pecho henchido estaba casi a punto de estallar de dolor penitente por sus pecados y por los padecimientos y dolores del Hijo y Cordero de Dios, y no podía sino aborrecerse a sí mismo en polvo y ceniza delante de Su ojo santo que escudriña el corazón.

Al lector…

Puede ser que usted pregunte con inquietud: “¿Me he arrepentido de veras?” Quizá vea en sí mismo tanta dureza, oscuridad, muerte y frialdad que piense que en usted no puede tratarse de verdadero arrepentimiento. Recuerde entonces que nuestra mente carnal sigue siempre dura y enemistada; en ella nunca se halla cosa buena. Pero ¿no ha habido tiempos en que su corazón se derritió delante de Dios, en que el pecado se le hizo amargo, y en que se humilló en polvo y ceniza delante de Su ojo santo?

Ese arrepentimiento no procede de usted mismo. Jesús está ensalzado por Príncipe y Salvador, para dar arrepentimiento y remisión de pecados, y estas dos cosas van juntas. Donde da lo uno, da también lo otro. No lo busque, pues, en su propio corazón, sino en Aquel que está ensalzado; Él puede hacer que la roca se derrita y que el corazón duro ceda.

Con un cordial saludo,
Los compiladores de jcphilpot.nl