Nieuw verschenenHet woord van Gods genadePreken · 5 dagen geleden
Joseph Charles Philpot Bevindelijke geschriften & prediking
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Y el Señor, después que les habló, fue recibido arriba en el cielo, y se sentó a la diestra de Dios.
Marcos 16:19

La diestra de Dios significa la diestra del poder, del dominio, de la autoridad y de la aceptación. Cuando nuestro bendito Señor volvió a los atrios de la dicha, y las puertas del cielo alzaron sus cabezas, y se alzaron las puertas eternas, y entró el Rey de gloria, se sentó en seguida a la diestra de la Majestad en las alturas. Pero ¿qué implicaba este lugar de preeminencia? Certificaba a los principados y potestades, y a toda la brillante y gloriosa multitud de las huestes angélicas, que Dios había aceptado Su obra y Le había dado como recompensa ese lugar exaltado de poder, de honra y de dignidad.

Porque recuerde usted esto: nuestro bondadoso Señor subió al cielo y se sentó a la diestra de Dios en Su naturaleza humana. No subió al cielo como había descendido del cielo, solo como el Hijo de Dios. Subió al cielo como el Hijo del Hombre tanto como el Hijo de Dios. Subió al cielo en una naturaleza humana unida a la divina, y por eso entró en los atrios de la dicha como el Dios-Hombre, Emmanuel, Dios con nosotros.

Es un punto de gran importancia, que todo adorador espiritual y todo verdadero creyente en el Hijo de Dios debe tener siempre presente, que nuestro bendito Señor se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas en el mismo cuerpo humano que llevó sobre la tierra; glorificado, en verdad, más allá de todo pensamiento y de toda palabra, pero la misma humanidad pura, sin mancha, santa e inmortal que tomó en el seno de la Virgen, y que ofreció como sacrificio sobre la cruz.

A este punto quiere el Apóstol dirigir especialmente nuestros pensamientos, y ponerlo delante de nosotros como objeto y alimento de nuestra fe (Rom. 8:34). ¡Y qué objeto de fe es! Porque, al contemplar a Jesús a la diestra de Dios, vemos allí un Mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre; vemos un Abogado para con el Padre, a Jesucristo el justo; vemos un hermano, un amigo, un esposo entronizado en gloria, que allí vive siempre, reina siempre, gobierna siempre, hasta que Dios haya puesto a todos los enemigos debajo de Sus pies.

Al lector…

¡Qué palabra: “se sentó a la diestra de Dios”! Cuando le falla el corazón y se pregunta si hay alguien en el cielo que entienda su necesidad, alce allá su mirada. Allí está sentado no solo el Hijo eterno, sino el Dios-Hombre, Emmanuel, en la misma humanidad que tomó en el seno de la Virgen y que ofreció como sacrificio en la cruz. El Padre ha aceptado Su obra; por eso está Él sentado allí, y por eso un pobre pecador puede descansar en esa obra.

¡Qué objeto y alimento para la fe! Allí tiene usted un Mediador, un Abogado para con el Padre, a Jesucristo el justo; un Hermano, un Amigo, un Esposo, que vive siempre y reina siempre. Sus enemigos pueden parecer todavía fuertes ahora, pero Dios los pondrá a todos debajo de Sus pies. Deje, pues, que sus pensamientos reposen donde está su Señor, porque Aquel que está sentado allí está con usted.

Con un cordial saludo,
Los compiladores de jcphilpot.nl