Nieuw verschenenHet woord van Gods genadePreken · 6 dagen geleden
Joseph Charles Philpot J.C. Philpot Bevindelijke geschriften & prediking
Donar

Por el valle de Baca

20 de mayo

Vandaag

3 min. de lectura

Porque Dios, que mandó que de las tinieblas resplandeciese la luz, es el que resplandeció en nuestros corazones, para iluminación del conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Jesucristo.
2 Corintios 4:6

Cuando un hombre anda en las tinieblas y la muerte de la irregeneración, no tiene luz verdadera. Puede tener, ciertamente, una luz falsa, como la luz de la presunción, del engaño o de la vana confianza; pero toda luz prestada de esa clase es peor que las tinieblas; como dice el Señor: “Si la lumbre que en ti hay son tinieblas, ¿cuántas serán las mismas tinieblas?”

La única luz salvadora es la luz de Dios que resplandece en el alma, haciéndonos ver y conocer “al solo Dios verdadero, y a Jesucristo, al cual has enviado”. Un hombre puede tener la luz más clara en su juicio y, sin embargo, no haber tenido nunca la luz penetrante del Espíritu que produce convicción en su alma; puede tener el conocimiento más sano de las doctrinas de la gracia y ver el armonioso plan de la salvación, y sin embargo no haber visto nunca a un Dios santo por enseñanza divina, ni haber sentido jamás la espiritualidad de la justa ley de Dios condenándole como transgresor. Pero “la lumbre de la vida”, como la llama el Señor, guía con toda seguridad a quien la posee por el buen camino. Si no la tenemos, con toda seguridad nos extraviaremos; nos enredaremos en algún error, nos hundiremos en alguna herejía, absorberemos alguna doctrina de demonios, beberemos de algún terrible engaño o caeremos en algún pecado espantoso, y “naufragaremos en la fe”.

Una luz falsa se parece a las luces que los piratas alzan para atraer a los barcos hacia su destrucción; o a los fuegos que los “saqueadores de naufragios”, aquellos terribles personajes de Cornualles, solían encender en su costa erizada de rocas, para que el marinero los confundiera con algún faro amigo y lanzara su nave contra las rocas, donde aquellos desalmados la saqueaban. Una luz falsa no puede sino hacernos naufragar en las rocas de la presunción o de la desesperación.

Pero la luz de la vida divina en el alma va acompañada de todas las gracias del Espíritu. Es la luz de la gloria de Dios, la luz del rostro de Jesús y la luz de la enseñanza del Espíritu, y por tanto un guía y una guarda infalibles; como dice el apóstol: “Vosotros tenéis la unción del Santo, y conocéis todas las cosas.” Y este Piloto infalible guiará al alma a la que es dado, sana y salva, al puerto del descanso y la paz sin fin.

Al lector…

Quizá nunca se haya preguntado usted con qué luz navega. Hay luces falsas, como los fuegos que los saqueadores encienden en la costa, de modo que los barcos creen navegar seguros y sin embargo van a dar contra las rocas. Así un hombre puede tener luz clara en su entendimiento y conocer bien la doctrina de la gracia, y sin embargo no haber contemplado nunca a un Dios santo ni haberse sentido condenado por la ley como transgresor. Es un pensamiento solemne, y es bueno detenerse en él con sinceridad.

Pero ¿ha visto usted, aun en su oscuridad, algo de su pecado y de la gloria de Dios en la faz de Jesucristo? Entonces esa no es una luz que usted mismo haya hecho. El mismo Dios que mandó que de las tinieblas resplandeciese la luz ha resplandecido en su corazón. Esa lumbre de la vida es un Piloto infalible. Sígale, pues, aun cuando sea de noche a su alrededor. Él llevará su alma sana y salva al puerto del descanso y la paz sin fin.

Con un cordial saludo,
Los compiladores de jcphilpot.nl