Nieuw verschenenHet woord van Gods genadePreken · 5 dagen geleden
Joseph Charles Philpot Bevindelijke geschriften & prediking

Por el valle de Baca

18 de septiembre

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Y no os conforméis a este siglo.
Romanos 12:2

En la medida en que nos conformamos al espíritu de este mundo, nuestro entendimiento se embota en las cosas de Dios, nuestros afectos se vuelven fríos y aletargados, y nuestra conciencia menos tierna y sensible. Hay una oposición eterna entre Dios y el mundo que está puesto en maldad. Para que nuestra experiencia espiritual de la verdad de Dios mantenga su terreno, pues, no debe ser embotada ni amortecida por la conformidad con el mundo.

Es como el sable que el soldado lleva a la batalla; no debe arrastrarse desenvainado por el suelo, no sea que se emboten la punta y el filo; ambos deben mantenerse agudos y cortantes, para que pueda hacerse estrago en el enemigo. Así sucede con nuestro entendimiento iluminado, con nuestra conciencia tierna y nuestros afectos celestiales. Si los dejamos caer sobre el mundo, es como un soldado que arrastra su sable por el empedrado; cada paso que da embota tanto el filo como la punta.

Si nos conformamos a este mundo, perdemos el dulce entendimiento que antes teníamos de la preciosa verdad de Dios; perdemos aquella tierna sensibilidad de conciencia por la cual el pecado, cualquier pecado, se vuelve una pena y una carga para el alma. El cristiano debería ser lo que se decía de un antiguo caballero: “sin miedo y sin tacha”. Así el escudo del cristiano debería estar sin mancha, su reputación sin borrón. Su carácter debería estar libre no solo de defecto, sino aun de sospecha, tan intachable como el pudor de una mujer o el honor y la valentía de un hombre.

Ahora bien, a menudo caemos en esta conformidad mundana, y corremos el riesgo de embotar la espada y manchar el escudo, poco a poco. Cedemos en esto y en aquello. Estamos cercados, es verdad, por los preceptos del evangelio, las alarmas de una conciencia tierna y muchas restricciones poderosas, otros tantos terraplenes y diques para contener el mar del mundo; pero así como en Holanda, si se abre una brecha en el dique, el mar irrumpe en seguida, así, si se abre una brecha en la conciencia, el mar de la mundanalidad irrumpe por ella, y si no fuera por la gracia de Dios pronto inundaría el alma. Pero aun sin tener ninguna tentación particular que abra una brecha ancha como esta, nuestros lazos sociales, nuestra ocupación diaria, los amigos y parientes a quienes amamos según la carne, todos, por su poder sobre nuestros afectos naturales, nos desvían de vez en cuando hacia esta conformidad mundana.

Aquí, pues, está el punto donde tenemos que hacer nuestra principal resistencia; porque si nos conformamos a las máximas, los principios, las costumbres y el espíritu del mundo, perdemos en esa medida aquella posición espiritual que es la más alta bendición y privilegio del creyente. Descendemos del monte de la comunión con el Señor y caemos en un lugar frío y miserable, donde la vida de Dios, aunque no extinguida, queda reducida a su más baja marea.

Al lector…

Querido lector, ¿siente que sus afectos se han enfriado y que su conciencia es menos tierna de lo que fue? ¿Apenas sabe ya cuándo o cómo empezó? Así sucede con el sable que se arrastra por las piedras: a cada paso se embota más, y el soldado solo lo nota cuando lo necesita. Una pequeña concesión aquí, otra allá, y el mar del mundo irrumpe por la brecha.

Sin embargo, no desespere si nota esto en sí mismo. Que le inquiete muestra que la vida de Dios, aunque haya bajado a una marea baja, no ha desaparecido del todo. Lleve, pues, su corazón frío al Señor, y pídale que repare la brecha y vuelva a hacer tierna su conciencia. Porque es la comunión con Él la que mantiene el alma aguda y viva, y en ella está la más alta bendición del creyente.

Con un cordial saludo,
Los compiladores de jcphilpot.nl