Nieuw verschenenHet woord van Gods genadePreken · 5 dagen geleden
Joseph Charles Philpot Bevindelijke geschriften & prediking

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16 de mayo

Die overwint

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Al que venciere, Yo le daré que se siente conmigo en Mi trono; así como Yo he vencido, y me he sentado con Mi Padre en Su trono.
Apocalipsis 3:21

Todo hijo de Dios está rodeado de una hueste de enemigos por dentro y por fuera. Si estos no son vencidos por él y para él, es casi seguro que le vencerán a él. En esta guerra no hay neutralidad; es una lucha de vida o muerte, con victoria segura o derrota segura. Todas las promesas se hacen al que venciere (Apoc. 3:12), y la más gloriosa de todas es: “Al que venciere, Yo le daré que se siente conmigo en Mi trono; así como Yo he vencido, y me he sentado con Mi Padre en Su trono” (Apoc. 3:21). Pero ser vencido es estar perdido, perdido para siempre, y morir bajo la ira de Dios. ¿Cómo, pues, hemos de vencer sino por la fe en nuestra Cabeza resucitada, apelando a nuestro Rey coronado para que pelee nuestras batallas, Él, que es necesario que reine hasta poner a todos Sus enemigos debajo de Sus pies?

Si pertenecemos a Jesús y andamos en obediencia a Su voluntad y a Su palabra, ciertamente tendremos muchos enemigos por fuera: “Y también todos los que quieren vivir píamente en Cristo Jesús, padecerán persecución” (2 Tim. 3:12). Pero que venga; en realidad no puede dañarnos, porque “¿quién es aquel que os podrá dañar, si vosotros seguís el bien?” (1 Pedro 3:13). Hay enemigos mucho más numerosos y poderosos por dentro que por fuera. De ellos podemos decir verdaderamente con Judá de antaño, frente a la hueste dispuesta para la batalla: “¡Oh Dios nuestro! ¿no los juzgarás Tú? porque en nosotros no hay fuerza contra tan grande multitud que viene contra nosotros: no sabemos lo que hemos de hacer, mas a Ti volvemos nuestros ojos” (2 Crón. 20:12).

Y bueno es si podemos alzar la mirada en fe y oración al bendito Señor como nuestra Cabeza resucitada y nuestro Rey coronado. Bueno es si, con una visión creyente de Su gracia sin igual y de Su poder omnipotente, dispuesto a ejercerse a nuestro favor, podemos decir: “A Ti volvemos nuestros ojos”. Cuando sentimos el poder del pecado, la tiranía de nuestras bajas concupiscencias y pasiones, y de lo que nuestra naturaleza es capaz cuando se la deja a sí misma, ¡qué dulce y adecuada es entonces la promesa: “Él tornará, Él tendrá misericordia de nosotros; Él sujetará nuestras iniquidades” (Miqueas 7:19)!

Lectura: Apocalipsis 3:14-21

Al lector…

Cuando siente el poder de los enemigos en su propio corazón, el pecado que reina, las bajas concupiscencias que quisieran arrastrarle, y una naturaleza capaz de cualquier cosa cuando se la deja a sí misma, entonces sabe de qué habla esta palabra. En esta lucha no hay neutralidad; es cuestión de vida o muerte. Y quizá deba admitir con sinceridad que no tiene fuerza alguna contra ello.

Entonces dígalo con Judá de antaño: “En nosotros no hay fuerza contra tan grande multitud; no sabemos lo que hemos de hacer, mas a Ti volvemos nuestros ojos”. Eso no es una derrota, sino el único camino a la victoria. Su Cabeza resucitada y Rey coronado pelea la batalla, y reinará hasta que todos los enemigos sean puestos debajo de Sus pies. Él tornará y tendrá misericordia de usted y sujetará sus iniquidades, y promete al que venciere un lugar con Él en Su trono.

Con un cordial saludo,
Los compiladores de jcphilpot.nl