Nieuw verschenenHet woord van Gods genadePreken · 5 dagen geleden
Joseph Charles Philpot Bevindelijke geschriften & prediking

Por el valle de Baca

14 de diciembre

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“El que cree en el Hijo de Dios, tiene el testimonio en sí mismo.”
1 Juan 5:10

El gran asunto que ha de quedar decidido en el pecho de un hombre es si es de Cristo o no; y este es un problema que nadie sino el Señor mismo puede resolver. Bienaventurado el que tiene el testimonio en sí mismo; y esto solo puede tenerlo creyendo en el Hijo de Dios, como dice Juan: “El que cree en el Hijo de Dios, tiene el testimonio en sí mismo.” Este es el testimonio interior del Espíritu, como declara el Apóstol: “Porque el mismo Espíritu da testimonio a nuestro espíritu que somos hijos de Dios.”

¿Qué testimonio ha tenido usted jamás en su pecho de que es hijo de Dios? O, si no ha tenido este testimonio especial, ¿qué marcas o evidencias, qué señales para bien le ha concedido el Señor? ¿No puede recordar algo que el Señor hizo por usted en tiempos pasados, alguna promesa aplicada, alguna manifestación de Su presencia, alguna mirada de amor, algún toque enternecedor de Su mano llena de gracia, que le derritió hasta el polvo y trajo consigo dulce paz y seguridad? Quizá no duró mucho, o no fue muy profundo, pero mientras se sintió fue una evidencia de que usted pertenecía a Cristo.

Usted recuerda el tiempo y las circunstancias, las tinieblas, la angustia y la servidumbre de antes, y la liberación a la dulce libertad que entonces disfrutó; pero aun así está insatisfecho. Quiere que el Señor aparezca una vez más; quiere otra sonrisa, otra palabra, otra mirada, otra promesa, otro testimonio, y sin ello su alma se hunde a menudo en la duda y el temor.

Ahora bien, este es el camino por el que anda la mayoría de los santos de Dios; no diré todos, porque algunos son más favorecidos con un testimonio permanente, aunque aun ellos tienen grandes decaimientos y pesadas pruebas. Pero para la mayoría es un camino muy variado. Así, a veces se les concede una sonrisa, y luego cae sobre su mente tal oscuridad que apenas pueden ver una sola evidencia. Después el sol vuelve a brillar; pero las tinieblas cubren otra vez la escena, y de nuevo se hunden en la duda, la culpa y el temor.

Luego el Señor aparece de nuevo, y entonces vuelven a amar, a esperar y a regocijarse; y así siguen, con la escena siempre cambiante, como un día de abril. Aun así prosiguen hasta que llegan por fin a la escena final, cuando el Señor suele aparecer, disipa todas sus dudas, temores y tinieblas, y les da una bendita despedida hacia Su propio seno de eterno descanso y paz.

Al lector…

Cuando su camino es como un día de abril, ahora sol y luego otra vez tinieblas, esta palabra es para usted. ¿Sintió una vez un dulce toque de Su mano llena de gracia, y aun así vuelve a hundirse en la duda, la culpa y el temor? Entonces no deseche lo que el Señor hizo una vez por usted. Quizá duró solo un breve tiempo, pero fue una señal de Su amor.

Que no se contente con un recuerdo, sino que anhele una nueva mirada y una nueva palabra, no es señal de rechazo. Es el camino por el que anda la mayoría de los hijos de Dios. Pida, pues, que el Señor aparezca de nuevo y le sonría otra vez, y mire al Hijo de Dios; el que cree en Él tiene el testimonio en sí mismo. Un día Él quitará toda duda y oscuridad, y usted gozará de descanso para siempre.

Con un cordial saludo,
Los compiladores de jcphilpot.nl