Nieuw verschenenHet woord van Gods genadePreken · 6 dagen geleden
Joseph Charles Philpot J.C. Philpot Bevindelijke geschriften & prediking
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1 de julio

Gods leiding met Israël in de woestijn

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Hallólo en tierra de desierto, y en desierto horrible y yermo.
Deuteronomio 32:10

Por regla general, creo yo, la mayoría de los que saben algo de los tratos de Dios con sus almas pueden señalar ciertas circunstancias claras y notables por las cuales la providencia quedó, por así decirlo, enlazada con la gracia. Un extremo de la cadena puede ser de hierro y el otro de oro, pero hay un punto donde los eslabones se unen, y ese es por lo general el lugar donde comienza la obra de la gracia en el alma. Lo más común es que alguna providencia señalada preceda al comienzo de la obra de la gracia.

Algún suceso notable, alguna calamidad en la familia, alguna prueba doméstica, alguna aflicción corporal o algún curso de circunstancias fuera de lo común condujo a aquel punto memorable en que por primera vez plugo al Señor tocar la conciencia por Su Espíritu. Algunos tienen motivo para dar gracias a Dios por una enfermedad; otros por un traslado de un lugar a otro; otros por un nuevo empleo; otros por alguna circunstancia particular que los llevó a leer cierto libro o a oír a cierto ministro.

Otros, a su vez, ven la mano maravillosa de Dios en grandes pérdidas o dolorosos reveses en los negocios, circunstancias por las cuales fueron puestos de rodillas, quizá perdieron sus bienes terrenales, o incluso cayeron en verdadera pobreza y angustia. Y todas estas providencias o sucesos fuera de lo común están tan unidos a la obra de Dios en el alma que, aunque no son gracia en sí mismos, tuvieron el mismo efecto que la venida de Rut a Canaán, que terminó en su casamiento con Booz, o que el estar Mateo sentado al banco de los públicos tributos, que le llevó a ser llamado a ser discípulo del Señor Jesús.

Lectura: Rut 2:1-14

Al lector…

Cuando usted mira atrás a una enfermedad, una pérdida, una prueba en casa o un revés que le puso de rodillas, quizá haya considerado aquel día como nada más que una página oscura de su vida. Pero ¿no podría ser que precisamente allí el eslabón de hierro se uniera al de oro, y que el Señor le hallara en tierra de desierto, en desierto horrible y yermo?

La providencia no es gracia en sí misma, pero Aquel que ordena todas las cosas puede hacer que sirva a Su obra en el alma. Así como Rut vino a Canaán y Mateo estaba sentado al banco de los públicos tributos sin saber lo que el Señor tenía en vista, así su camino más duro puede ser precisamente el lugar donde Él toca su conciencia por Su Espíritu. Dele gracias, pues, por los caminos sinuosos. Aquel que le halló en el desierto conoce también el camino por el cual le guía.

Con un cordial saludo,
Los compiladores de jcphilpot.nl