Nieuw verschenenHet woord van Gods genadePreken · 6 dagen geleden
Joseph Charles Philpot J.C. Philpot Bevindelijke geschriften & prediking
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1 de enero

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Muéstrame, oh Jehová, Tus caminos; enséñame Tus sendas.
Salmo 25:4

El hecho mismo de que el salmista pronuncie estas palabras desde lo más hondo de su corazón muestra que él mismo estaba profundamente convencido de la completa incapacidad del hombre para escudriñar los caminos de Dios sin enseñanza divina. Tampoco puede el hombre por sí mismo recibirlos con aquel consentimiento y sumisión por los cuales únicamente podemos llegar a ser partícipes de su hermosura y bienaventuranza. Porque si hubiera poseído la fuerza y la sabiduría naturales para traer este conocimiento a su propia alma, habría sido, en el mejor de los casos, hipocresía pedir a Dios que lo hiciera por él.

Pero estaba profundamente convencido, por una experiencia honda y dolorosa, de que los caminos de Dios, como dice la Sagrada Escritura, están fuera de su vista. “En la mar fue Tu camino”, dice en otro lugar, “y Tus sendas en las muchas aguas; y Tus pisadas no fueron conocidas” (Sal. 77:19). Bien sabía que por naturaleza un velo de ignorancia y ceguera cubría sus ojos y le ocultaba los caminos celestiales. Sabía, por tanto, que solo en la medida en que a Dios le placiera mostrarle esos caminos, era capaz en algún grado de verlos o de recibirlos como caminos de Dios. Solo entonces podía en su interior apreciar en alguna medida su bienaventuranza, o inclinarse ante ellos y someterse a ellos cuando se cruzaban con sus propios pensamientos e inclinaciones naturales.

Los caminos de Dios son, pues, en primer lugar, caminos de sabiduría infinita. No pueden ser otra cosa. ¿Cómo juzgamos la sabiduría de un hombre? Por las palabras que habla, pero sobre todo por las obras que hace. Los caminos de Dios han de ser caminos de sabiduría infinita, porque Él es el Dios infinitamente sabio. Pero Su sabiduría se opone directamente a la nuestra. Por eso leemos: “la sabiduría de este mundo es necedad para con Dios” (1 Cor. 3:19), y leemos también que la sabiduría de Dios es locura a los ojos del mundo.

Pero aunque las señales de la sabiduría infinita están impresas sobre estos caminos, esa sabiduría es tal que los caminos quedan fuera de la vista del hombre. Así sigue siendo hasta que son traídos al alcance de su visión espiritual, y la sabiduría impresa en ellos y presente en ellos es dada a conocer a su alma por enseñanza divina. Para entender la sabiduría de los caminos de Dios, debemos nosotros mismos ser partícipes de la sabiduría divina, como dice el apóstol: “Mas nosotros tenemos la mente de Cristo” (1 Cor. 2:16). Por tanto, solo podemos participar de la sabiduría de los caminos de Dios cuando tenemos la mente de Cristo y poseemos algo de la sabiduría de lo alto.

Lectura: Salmo 25

Al lector…

Quizá también usted ha tenido que aprender que no puede escudriñar por sí mismo los caminos de Dios. El salmista no oraba por mera costumbre: “Muéstrame, oh Jehová, Tus caminos”; oraba así porque sabía, por una experiencia honda y dolorosa, que por naturaleza un velo de ignorancia y ceguera cubría sus ojos. Si hubiera podido traer ese conocimiento a su alma por sí mismo, su oración habría sido hipocresía.

Quizá se encuentra ahora ante un camino que sobrepasa su entendimiento, un camino en la mar, cuyas pisadas no puede ver. Sepa entonces que los caminos de Dios son siempre caminos de sabiduría infinita, aun cuando esa sabiduría parezca locura a sus ojos. Lo que nuestro entendimiento no puede alcanzar, Él puede darlo por Su enseñanza. Ore, pues, por la mente de Cristo, para que no solo vea Sus caminos, sino que también se incline ante ellos y descanse en ellos.

Con un cordial saludo,
Los compiladores de jcphilpot.nl