Nieuw verschenenHet woord van Gods genadePreken · 6 dagen geleden
Joseph Charles Philpot J.C. Philpot Bevindelijke geschriften & prediking
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23 de septiembre

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Mírame, y ten misericordia de mí, como acostumbras con los que aman Tu Nombre.
Salmo 119:132

“Mírame”: ¿no es ese el deseo de su alma? Usted no podría pronunciar esa oración si el Señor no le hubiera vivificado primero. Antes de poder pronunciar esa oración, debe poder creer que el Señor mira a Sus hijos. Debe tener en su corazón el deseo de que el Señor le bendiga y le favorezca a usted en particular. Debe estar destetado de toda justicia humana, sabiduría humana y fuerza humana, y volverse al Señor, para que Él le bendiga con la bendición que enriquece (Proverbios 10:22).

¿No ve cuán bondadoso y apacible es el Señor con Sus hijos? ¿No ve que ellos son el único pueblo en el mundo cuya suerte es digna de envidia? ¿No sube a veces quedamente de su corazón esta petición, quizá no en la letra pero sí en el sentido: “¡Oh, si me miraras! Aunque soy un vil miserable, aunque soy un pecador culpable, aunque soy un rebelde indigno, aunque soy un inmundo idólatra, aunque merezco ser desterrado de Tu presencia, aunque merezco ser hollado – ¡mírame, sin embargo! Esto es lo que mi alma desea: que me bendigas, que me muestres Tu misericordia, que derrames Tu amor en mi corazón, que me hables con Tus propios labios y susurres en mi corazón: ‘No temas … Mío eres tú’ (Isaías 43:1).”

Y cuando lee en la Palabra de Dios acerca de los sentimientos de los hijos de Dios, de aquellos a quienes el Señor ha bendecido de veras, u oye hablar de ellos de labios de alguien que ha experimentado él mismo la verdad; cuando oye de la lluvia y del rocío que caen sobre sus almas, y del secreto del Señor que reposa sobre su tienda, ¿no sienten algunos de ustedes un ardiente deseo de que el Señor les bendiga así también a ustedes? ¿De que Él se dé a conocer así a usted, para que pueda gozar en su corazón de las mismas cosas, al ser aplicadas con poder a su conciencia?

Lectura: Miqueas 7

Al lector…

He aquí una breve petición que quizá esté también en su corazón: “Mírame.” Tal vez apenas se atreve a pronunciarla. Sabe lo que es: un pecador culpable, un rebelde indigno, alguien que merece ser desterrado de la presencia de Dios. Y, sin embargo, ese suspiro sube quedamente en usted una y otra vez. Sepa, pues, que tal oración no sale de un corazón muerto. Nadie ora así antes de que el Señor le haya vivificado.

Cuando oye de otros acerca de la lluvia y el rocío que caen sobre sus almas, ¿se llena de envidia y de anhelo? No deje que ese anhelo le abata, sino que le impulse hacia el Señor. Él es bondadoso y apacible con Sus hijos. Siga postrado a Su puerta con esa sola palabra: “Mírame.” ¿Quién sabe si no le susurrará también a usted en el corazón: “No temas … Mío eres tú”?

Con un cordial saludo,
Los compiladores de jcphilpot.nl