Nieuw verschenenHet woord van Gods genadePreken · 6 dagen geleden
Joseph Charles Philpot J.C. Philpot Bevindelijke geschriften & prediking
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Por el valle de Baca

16 de noviembre

Vandaag

3 min. de lectura

“Por nada estéis afanosos; sino sean notorias vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con hacimiento de gracias.”
Filipenses 4:6

¡Qué palabra es esta! “¡Toda!” Usted tiene el privilegio, santo de Dios, de ir al trono de Dios con todo. ¿Cómo, con cada pequeño suceso? Sí. ¿Cómo, con cosas que la gente llama nimiedades? Sí. ¿Con sus asuntos diarios? Sí. Si usted siente que hay un Dios que puede oírle, es su privilegio ir a Él en todo. Todas las cosas están comprendidas; nada queda excluido. En todo, y eso por oración y ruego. A veces oramos, a veces rogamos.

La oración es algo más suave que el ruego, menos ardiente, menos ferviente, menos poderoso; mas no menos eficaz. A veces he comparado la oración y el ruego con dos cosas de la naturaleza. La una con un río —una corriente como las que vemos en nuestra tierra llana, que fluye con curso apacible hacia el mar—; la otra con los torrentes que se hallan en los países montañosos, que saltan de precipicio en precipicio. La una es la oración tranquila del alma; la otra, el clamor ferviente, el ruego ardiente, la agonía exhalada del espíritu que se precipita hacia el seno de Dios con muchos suspiros quebrantados y muchos gemidos ardientes.

Aquí ambos parecen contrastados. Está la oración, tranquila y apacible, el sencillo derramar del alma en el seno de Dios; y luego está el ruego, que es ardiente e invoca al Señor como si el alma tuviera que ser oída. Lo vemos en el bendito Jesús mismo. Leemos que en una ocasión se fue a un monte a orar toda la noche. Ahora bien, no tenemos razón para creer que en esa ocasión orara del mismo modo que oró en el huerto y en la cruz. En el un caso tenía dulce unión y comunión con Su Padre; en el otro clamó con gemidos y lágrimas, y fue oído. Lo uno fue oración; lo otro, ruego.

Cuando su alma está sosegada por la presencia de Dios, y usted siente que el aliento de la oración entra en su pecho, entonces puede orar al Señor con dulzura y con espíritu. Pero hay tiempos y sazones en que el alma, bajo los ataques de Satanás y un terrible sentimiento de culpa y vergüenza, se ve obligada a clamar como quien tiene que ser oído, y eso es ruego. Pero hay otra cosa que debe mezclarse con ello, y una cosa muy omitida, y es el hacimiento de gracias. Estos son los tres elementos de un servicio espiritual: oración, ruego y hacimiento de gracias.

Al lector…

Hijo de Dios, ¿se atreve usted a ir al trono con las cosas pequeñas? Quizá piense que sus preocupaciones diarias son demasiado pequeñas para presentarlas delante del Señor, pero la palabra dice: “en toda oración”, en todo. Nada queda excluido. Si su alma está tranquila y siente el aliento de la oración, deje que su oración fluya hacia Él como una corriente apacible. Y si le empujan los ataques de Satanás o un terrible sentimiento de culpa y vergüenza, entonces clame como quien tiene que ser oído; también el Señor Jesús clamó con gran clamor y lágrimas, y fue oído.

Pero no olvide la tercera cosa, que tan a menudo se olvida. ¡Cuán poco mezclamos el hacimiento de gracias con nuestra oración y nuestro ruego! Si mira atrás a lo que el Señor ya ha hecho, hallará razón suficiente para darle gracias, aun mientras sigue clamando. Así su servicio llega a ser un servicio espiritual: oración, ruego y hacimiento de gracias.

Con un cordial saludo,
Los compiladores de jcphilpot.nl