Nieuw verschenenHet woord van Gods genadePreken · 5 dagen geleden
Joseph Charles Philpot Bevindelijke geschriften & prediking

Por el valle de Baca

16 de julio

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“Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón: pruébame y conoce mis pensamientos: y ve si hay en mí camino de perversidad, y guíame en el camino eterno.”
Salmo 139:23, 24

El pueblo de Dios no puede tomar su religión a crédito; no puede contentarse con el aval de este o aquel hombre bueno. Tiene que tenerla obrada por Dios mismo. A menudo está ejercitado en cuanto a de dónde vino su religión. ¿No lo halla usted así, y que ello le cuesta muchos ejercicios? Si, por ejemplo, está abatido, se pregunta con ansiedad si ello brota de una tristeza según Dios por el pecado. Si es consolado, no puede dar el consuelo por sentado; tiene que pesarlo en la balanza del evangelio. Si experimenta liberaciones providenciales, no puede tomarlas como otras tantas pruebas ciertas de que todo está bien con su alma. De modo que cada paso que da tiene que examinarlo y pesarlo, para ver si es de Dios.

Los profesantes muertos, los hipócritas en Sión, nunca tienen su religión probada y pesada de esta manera. No saben nada de estos ejercicios interiores. Dan las cosas por sentadas; se acurrucan bajo el ala de algún hombre bueno, o consiguen que algún ministro avale su religión, y quedan satisfechos.

Pero el pueblo de Dios tiene que tener testimonios del Señor mismo; y a menudo estarán duramente ejercitados sobre si tienen en sus almas aquella obra que permanecerá en la hora de la prueba. Y si, en respuesta a sus clamores, al Señor le place resplandecer en sus almas y levantar señales claras de que es del cielo, ello llena sus corazones de gratitud, hace hundirse las cosas del tiempo y de los sentidos, y eleva sus afectos a aquella bendita fuente de donde descendieron estos testimonios. Así, aquellas mismas cosas que parecen estar contra ellos están a su favor, y sacan sus más dulces consolaciones de sus más pesadas aflicciones. No cambiarían su senda de prueba, con todas sus cosas amargas, por la senda llana y florida por la que ven andar a miles, sabiendo que una religión sin pruebas ni tentaciones solo llevará al alma a un infierno sin fin.

Así, a veces pueden sentir que de sus ejercicios brota el bien, y preferirían ser todos sus días un pueblo tentado y probado, y llevar lo que Dios inflige, antes que andar por un camino que parece derecho a los ojos del hombre y hallar al final la destrucción eterna. Preferirían tener aquellos castigos que prueban que son hijos y no bastardos, antes que andar por un camino que agrada a la carne y cuyo fin es la condenación eterna.

Al lector…

¿Le cuesta también a usted, lector, muchos ejercicios saber si su religión es de veras de Dios? ¿No puede simplemente dar por sentado su consuelo, y pesa cada paso, temiendo que todo sea solo de usted mismo? Entonces está orando, quizá sin saberlo, con el salmista: “Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón.” El profesante muerto no sabe nada de tal escudriñamiento; sigue tranquilo con la palabra de algún hombre bueno.

No tema, pues, las preguntas ansiosas, sino llévelas al Señor. A menudo Le place aparecer ante el clamor del alma y dar señales claras de que la obra es de lo alto. Entonces las cosas del tiempo ceden, y el corazón se dirige a aquella bendita Fuente. Así sus más pesadas aflicciones llegan a ser una fuente de dulce consolación, y la mano que castiga de Dios, una lección de que usted es hijo y no bastardo.

Con un cordial saludo,
Los compiladores de jcphilpot.nl