Nieuw verschenenHet woord van Gods genadePreken · 5 dagen geleden
Joseph Charles Philpot Bevindelijke geschriften & prediking
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Y se dirá de Mí: Ciertamente en Jehová está la justicia y la fuerza.
Isaías 45:24

El mismo bendito Espíritu que brilla como con un rayo de luz y de vida en la conciencia, para hacerle sentir la culpa del pecado, la maldición de la ley y su propio estado miserable como transgresora, la introduce también en este secreto: que no tiene fuerza. ¿No ha sentido usted nunca que era absolutamente impotente; que quería creer, pero no podía; quería esperar, pero no podía; quería amar, pero no podía; quería guardar la Palabra de Dios, pero no podía; quería obedecer Sus mandamientos, pero no era capaz? ¿No le ha abatido nunca, casi hasta la desesperación, el sentido de su propia miserable impotencia y de su completo desamparo?

Usted estaba seguro de que había una fe, una esperanza, un amor, una bendición y una bienaventuranza en la verdad de Dios; un perdón, una paz, un gozo celestial; una seguridad de salvación, una unión y comunión con el Señor Jesús, que veía, pero no podía alcanzar. Sentía que si pudiera creer, todo estaría bien, pero creer no podía. Así aprendió que no tenía fuerza; y a medida que aprendemos de este modo nuestra flaqueza, comenzamos a aprender también en Quién está nuestra fuerza; y a medida que tenemos acceso a Cristo por una fe viva, recibimos de Él fuerza para suplir nuestras necesidades espirituales.

Desesperando de toda fuerza en nosotros mismos, miramos al Señor Jesucristo, a la diestra del Padre, para que nos dé la Suya; elevamos nuestras oraciones y súplicas al gran Sumo Sacerdote sobre la casa de Dios, para que nos fortalezca con fuerza en nuestra alma; y cuando Le place, en respuesta a la oración, enviar Su Espíritu y Su gracia, somos “corroborados de toda fortaleza, conforme a la potencia de Su gloria, para toda tolerancia y largura de ánimo con gozo”. Esto es fortalecerse “en el Señor, y en la potencia de Su fortaleza”, y ser “corroborados con potencia en el hombre interior por Su Espíritu”.

Al lector…

He aquí una palabra para usted si quiere creer, pero no puede. ¿Quisiera esperar y amar, y no halla en sí mismo más que impotencia, de modo que casi desespera? ¿Ve allí la bendición y la paz en Cristo, pero no puede alcanzarlas? No piense que por eso el Señor le ha abandonado. Es el mismo Espíritu que le hizo sentir su culpa el que ahora le enseña también que no tiene fuerza.

Y quien llega a conocer así su flaqueza comienza también a aprender en Quién está su fuerza. Desespere, pues, de sí mismo, pero no de Él. Mire al gran Sumo Sacerdote a la diestra del Padre, y elévele sus súplicas. Cuando Le plazca enviar Su Espíritu y Su gracia, sabrá lo que es fortalecerse en el Señor y en la potencia de Su fortaleza.

Con un cordial saludo,
Los compiladores de jcphilpot.nl